En este blog podrás encontrar historias y otras cosas que me gusta hacer ~

lunes, 21 de junio de 2010

Dormir


-Volveremos antes de las doce. –dijo mi madre tomando su bolso.


-Ajá. –contesté al tiempo que dejaba mi libro en una mesa al lado del sofá y colocaba un collar de perlas alrededor de su cuello.

Papá la tomó de la mano y salieron a festejar su aniversario.

Encendí la televisión en el canal de música. Eran pocas las veces que no estaba dominada por el canal de deportes. Puede que sea un poco egoísta el solo pensarlo, pero me siento mucho mejor cuando la casa es para mí sola.

Me senté cómodamente en el sofá y tomé mi libro. Suspiré, evidenciando mi soledad, mirando a mí alrededor, después sonreí y continué en la página en la que me había quedado antes de la despedida de mamá.

Poco a poco mi cuerpo fue tomando otra postura en el sofá, un estado mucho más cómodo que el anterior; mis oídos parecían dejar de escuchar la música, ahora era un ruido distante; mis ojos comenzaban a cerrarse, mi vista se nublaba y no permitía ver las cosas a mi alrededor; mi cabeza, pies, manos… toda yo estaba dejando de sentir las cosas, ya no sentía la textura del sofá, o el libro. Nada.

El tiempo dejaba de tener sentido, el espacio no importaba. Estaba encerrada en una pequeña esfera de nieve. En ella había un enorme laberinto, tan grande que en la realidad no cabría en la esfera de apenas veinte centímetros de diámetro. En aquél extenso laberinto estaban impregnados mis ideas, mis alegrías, mis miedos, mis sueños… todo lo habido y por haber dentro de mí.

Caminé un poco asustada, intentando tener un poco de juicio en aquella situación, buscando una explicación probable y aceptable. Escuché algunos ruidos extraños e inquietantes, que solo hicieron que me alterara. No podía soportar más, quería salir de ahí a como diera lugar, sólo que eso parecía no estar en mis manos.

Al andar, vi una mariposa negra, que se detuvo frente a mí. Intenté atraparla dando saltos equivocados, ¿qué perdía si me entretenía un poco?, nada tenía importancia.

-No por la fuerza. –escuché una dulce voz. –Podrías lastimarme seriamente.

No tarde mucho en aceptar mi idea de que la voz provenía de la mariposa. Como dije, nada tenía sentido. Estiré mi mano lentamente, con mucho cuidado para no asustarla. Ella se posó en mi dedo índice.

-¿Estás perdida? –preguntó.

-No lo sé, conozco todo a mí alrededor pero da miedo, no quiero estar aquí. No sé si estoy perdida o enojada, o confundida…

-Entonces estás perdida. La confusión es perdición. Encuentra la salida, querida. –aconsejó amablemente.

-Claro, he caminado… ¿cuánto he caminado? Me siento cansada. –dije frotándome los ojos con la otra mano. –¡Hey!, ¿por qué no me ayudas a encontrar la salida?, tu puedes volar…

-No, no, no… -dijo precipitadamente. –nadie puede ayudarte, sólo tú puedes.

No pude evitar poner una cara de desaprobación.

-Yo he volado y volado… de aquí a allá… buscando la salida… desde hace años… y no la he encontrado…-cantó la mariposa.

-¿Y? ¿Por cuánto tiempo haz volado? De seguro no más que yo… -me quejé.

-Estás equivocada. He buscado resolver todo esto por años, resolver este laberinto. A veces pienso que ya no hay salida y después pienso que debo tener fe en que la hay porque…

Su voz se hizo cada vez más débil, sus alas dejaron de moverse… La mariposa murió.

Entonces me encontré sola y perdida… o confundida, ¿qué importa? Si no encontraba la salida, estaría ahí para siempre… Hacía frío. Entonces vi la salida frente a mí, parecía un hueco negro sin salida. Pero estaba feliz. Podía sonreír de nuevo… Comenzó a sonar una melodía, una canción en la distancia… Y antes de llegar a la salida, caí en un profundo y oscuro hoyo.

Me estremecí sobresaltada en el sillón. La música que escuché anteriormente provenía de la televisión, sólo que ahora se escuchaba mucho mejor. Tomé mi libro, que ahora se encontraba tirado en el suelo y lo abrí en una página al azar. No alcancé a leer la primera palabra cuando mi madre salió en bata y toda desaliñada de su habitación al baño.

-¿Qué no salieron? –pregunté confundida.

-Llegamos hace una hora. –contestó con una sonrisa. –duérmete.

-Claro.

Volví al libro y leí:

“Nuestra cabeza es el peor lugar para perdernos”

-Creo que compraré un atrapa sueños. –me dije y puse cómoda para dormir nuevamente.

Dormí sin dejar de pensar si algún día podré salir de aquél laberinto antes de morir, aunque, después de todo, es el laberinto de mi vida.

~Imagen de http://anabagayan.deviantart.com/ ~

1 comentario: